Lo que aprendí de buscar apoyadores

Cuando terminé de compartir con mi familia en la fe mi necesidad de apoyo, recuerdo que una adolescente de mi grupo se acerco a mi y me dijo:

– ¡QUÉ GUAY!

– ¿Qué guay el qué?; le pregunté.

– Que te vas a ir a Chile

– ¿Pero es que no me has escuchado lo que he dicho?

– Si, por eso, ¡Qué guay que te vas a ir a Chile!

Cuando Jesús dijo que el que no tuviera la “mente” de un niño no podría entrar en el reino de los cielos, no podía tener más razón.

Admito que fue una experiencia un tanto complicada al principio. Personas se me acercaban y me daban sobres con dinero para este proyecto. Era difícil, muy difícil, porque conocía la situación económica de alguna de ellas y lo que significa si quiera dar un solo euro.

Satanás aprovechó para atacarme diciéndome que no tenía vergüenza, que no podía hacer eso, que me estaba aprovechando del cristianismo y de la gente, que este tipo de cosas me las tengo que pagar yo, que no debía ir así, que algunas de esas personas iban a tener que sacrificar lo poco que tenían para que un niño pijo se fuera a otro país a capacitarse… Satanás me dijo muchas cosas.

Sin embargo Dios solo me decía una: ESE DINERO NO TE LO ESTÁN DANDO A TI, ME LO ESTÁN DANDO A MI. Y NO TE IMAGINAS LO QUE VOY A BENDECIR Y MULTIPLICAR A CADA PERSONA POR CADA EURO QUE ME HAN DADO, LO PROMETÍ EN LA BIBLIA.

Sinceramente, eso me hacía sentirme mucho más tranquilo. No tengo ninguna duda de que Dios está anhelando que vaya a SELJ por todo lo que quiere hablarme y enseñarme allí. Tengo una convicción poderosa.

Por lo tanto, la primera cosa que Dios me ha enseñado con esta experiencia, es que el dinero que sacrificamos para apoyar a una persona, un misionero, una organización, un niño apadrinado… se lo estamos dando directamente a Dios y él lo recibe como olor fragante (es decir, ese mismo olor que era tan agradable para Dios cuando se sacrificaba un animal sin mancha como sacrificio vivo).

Creo que lo que más me ha encantado de esta experiencia, pero de verdad de corazón, es sentir que es mi iglesia (y el resto de personas que me han apoyado) quienes me envían. Es decir, esto ya no es algo entre King’s Kids y yo, sino que mi iglesia y apoyadores ahora son partícipes de mi vida y ministerio. Al apoyar económicamente, tienen la necesidad de orar y de que el dinero invertido produzca beneficios ¿no es así? Por lo tanto, mi “éxito” (lo que aprenda y dé en España) es su “éxito”.

También tengo una “deuda” pendiente con todas las personas que han creído en mi y han decidido invertir en mi vida. Esa deuda la pagaré dando frutos en mi iglesia y en mi país (y quién sabe si en todas las naciones de la Tierra).

Es decir, el proyecto, mi vida y mi ministerio ha pasado de ser algo individual a ser algo colectivo en el que yo simplemente soy el representante de un grupo de 30 personas que han decidido apostar por mi.

He aprendido acerca de la bondad de la gente, de su corazón dispuesto a dar.

He aprendido que la gente cree en mi, que está dispuesta a apoyarme porque confían en lo que Dios va a hacer a través de mi vida.

He aprendido que Dios puede hacer milagros que para mi son imposibles, en una semana.

He aprendido a tener más fe, a confiar en Dios, a no rendirme aunque el muro que tenga delante sea más alto que los anteriores.

He aprendido un poquito más acerca del corazón de Dios.

Un comentario sobre “Lo que aprendí de buscar apoyadores

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s