Ayer morí

Después de una semana cansada, al fin era sábado a la noche, hora de irse a descansar y levantarse tarde al día siguiente, después de recargar las pilas y recuperar todas las horas de sueño que faltaban.

Me tumbo en la cama, encuentro postura y consigo dormirme esperando un domingo de descanso y tranquilidad. Cuando llevaba un rato dormido, de repente me despiertan. Me dicen que me ponga las zapatillas y una polera (chaqueta), que nos tenemos que marchar.

Me pongo las gafas y consigo ver la hora, eran las 00:15 ¡no puede ser! Si algo me fastidia es que me despierten y más aún en campamentos en los que van a hacer una actividad que va a durar horas y que no se ni lo que es, ni lo que durará.

Adelantemonos un poquito, acabábamos de vivir una simulación de lo que son los prostíbulos de niños que son drogados y violados, y la trata de personas. Otra simulación de los niños que son vendidos como esclavos sexuales y niños soldado.

Después de haber intercedido por todo esto, me encontraba caminando en fila de a uno por el desierto, la única luz que tenía para ver era la que reflejaba la luna. Me sentía como José después de haber sido vendido. No quería que después de haber vivido esas dos representaciones tan realistas y a ver sufrido un poco por lo desagradable de lo vivido se quedara solo en una oración.

Sabía que estábamos caminando hacia el siguiente simulacro, sin embargo, mientras veía a todos los hombres delante mío mirando al suelo caminando como en posición de cansancio y tristeza, lo único que sentía era levantar la mirada al cielo y decir: Quiero cambiar el mundo.

Quiero cambiar el mundo. Este tipo de cosas no pueden seguir ocurriendo. Quiero cambiar el mundo.

Quiero cambiar el mundo. No se cuantas veces lo dije. Una y otra y otra vez hasta que llegamos al cuartito donde nos esperaba la siguiente escena por la que interceder. No me imaginaba lo que podía ser. Al entrar me aferre a la pared, pegué mi espalda a ella. Era lo único que sentía que me daba protección y seguridad en ese momento.

Cuando todos estábamos dentro, de repente la puerta se cerro. Una oscuridad densa producía hasta miedo a los más valientes. De repente, una joven en la esquina encendió una cerilla y con ella una vela. Comenzó a leer una hoja de Biblia arrancada que había conseguido. Era la única que ella tenía y después de leerla, comenzó a romperla para que no la descubrieran.

Vale, ya se de que va esto, de los cristianos perseguidos. De pronto, todos comenzamos a cantar: tu fidelidad es grande, tu fidelidad incomparable es, nadie como tu, Señor Jesús, grande es tu fidelidad.

Muy bien, ahora supongo que entrará gente dando golpes y nos hará experimentar lo que sientes los cristianos perseguidos. Y efectivamente ocurrió, pero desde luego, no me esperaba que con tanto realismo y sentimiento. A pesar de saber que era una actividad para hacernos conscientes de la realidad que viven muchos cristianos, decidí vivirlo como si fuera real.

Los llantos de las personas que se lo estaban creyendo, daba una sinfonía tenue que aumentaba la simulación. Los asesinos entraron por segunda vez y me cogieron a mi. De pronto me pusieron una venda en los ojos atada muy fuerte y una cuerda en las manos colocadas en la espalda, intenté quitármela pero no pude.

Me sacaron de la casa y empujón tras empujón me tropezaba con las piedras del desierto, hasta que me despidieron contra una pared. No tenía manos así que me la comí, después de sujetarme la cabeza contra la pared me colocaron la punta de un rifle en la espalda, la punta se me clavaba en cada movimiento que hacía.

Me quedé en silencio. Solo oía gritos de los secuestradores, llantos de mujer y la canción que aún seguían cantando los que quedaban dentro de la casa. En ese momento pensé sinceramente: <<Marcos, hasta aquí has llegado. Vas a morir.>> Sin embargo, sentía paz en mi corazón. Recordaba las veces que he dicho que me gustaría morir por Jesús, en ese momento no tenía tanta gracia.

Me hubiera gustado leer más la Biblia pero mi vida había terminado. En ese momento solo quería que todo acabara cuanto antes. Me apoye en la fría pared y esperé el momento con tranquilidad. De repente noto como otra persona es empujada contra esta misma pared. Por la forma de llorar noto que es una chica. No obstante, no solo lloraba, seguía cantando la canción de los pocos que quedaban dentro. Escuchaba también los gritos desesperados de la persona que me apretaba la punta del rifle en la espalda diciendo: ¡CÁLLATE! ¡Deja de cantar a tu Dios!

Ya… De perdidos al rio, me uní a su canto. En cuanto comencé a cantar, la punta del rifle se incrusto aún más en mi espalda. Me dolía, sin embargo no paré.

Inmediatamente sentí como se llevaban a otro joven que estaba apoyado en la pared porque no dejaba de cantar, como lo tiraban al suelo y escuche disparos a la vez que gritos que decían: ¿crees que esto es una broma?

Segundos, o minutos después, no lo se,
porque todo se pasaba a la velocidad de las horas, me agarraron y siguieron empujándome por el desierto. Recordemos que tenía los ojos vendados y las manos atadas. Seguía tropezándome con las piedras hasta que me tiraron al suelo. Gracias a Dios, caí encima de una persona, porque si no me hubiera comido el suelo. Segundos después tiraron a otra encima mio.

Conseguí escabullirme un poco y sentir la fría arena del desierto en mi rostro. Sin embargo, un calor abrasador llegaba a mi. Era fuego. Un fuego que teníamos justo delante. Efectivamente, nos iban a quemar. Al abrir la boca para respirar, la arena me entraba pero necesitaba cantar y hablar con Dios.

Después de decirle que esta era la causa de muerte más honorable, comencé a cantar: la cruz delante y el mundo atrás, no vuelvo atrás, no vuelvo atrás. Y, creo en nuestro Dios el padre, y en su hijo Cristo el rey, creo en el Espíritu Santo, Dios tres en uno es. Me había prometido a mi mismo tiempo atrás que si algún día me secuestraban para matarme cantaría estas dos canciones.

Me quitaron la venda, me soltaron las manos y me ayudaron a levantarme. El simulacro había terminado. Después de interceder por los cristianos perseguidos, el director lee los versículos de:

«Entonces oí la voz del Señor que decía: —¿A quién enviaré? ¿Quién irá por nosotros? Y respondí: —Aquí estoy. ¡Envíame a mí!»
‭‭Isaías‬ ‭6:8‬ ‭NVI‬

¿Envíame a mi? Esta frase ahora mismo no era un tatuaje bonito en los pies, no era una canción, no era el final perfecto de una predicación… no era nada de eso. Era decir: <<Dios, estoy dispuesto a vivir esta situación pero de verdad y con un final distinto.>>

De repente Dios me recuerda la frase que había estado repitiendo antes: Quiero cambiar el mundo. ¡Uff! ¿Y ahora qué? ¡Todo significa cosas distintas! Sin embargo, con el corazón en la mano dije: <<Señor, envíame a mi.>>
Todas las canciones que vinieron a continuación sonaban distintas. Días atrás había escuchado que los cristianos no decimos mentiras, las cantamos. Ahora las letras tenían un sentido más profundo. “Hasta mi último suspiro” “hasta mi último latido”, “con toda mi vida”… 

El director nos dio otra palabra: <<La pesca milagrosa ocurre en las profundidades, no en la orilla.>> Ahora bien, esta semana habíamos tocado El tema de la renuncia y había renunciado a todo pero me faltaba una cosa: mi “derecho” a vivir. 
Ahora si, pude decirle a Dios sabiendo más mínimamente lo que decía: <<Quiero cambiar el mundo, envíame a mi.>>

***

¿Quien nos ha engañado? ¿Quien nos ha dicho que tenemos derecho a vivir? ¿Quien nos ha dicho que nuestra vida vale algo? ¿Por qué al cristianismo que predicó Jesús le llamamos radical si es el único que hay? Más bien al tomar tu cruz (muerte) y seguir a Jesús deberíamos llamarlo cristianismo, y todo lo que sea menos estricto que eso, no debería llamarse cristianismo.

¿Quien nos ha engañado? ¿Por qué predicamos acerca de que somos hijos del rey y merecemos dinero, fama y una vida feliz? ¿Por qué predicamos acerca de que Dios quiere prosperarnos? Si Jesús dijo que ni siquiera tenía donde repostar su cabeza. “Eres tan pobre que lo único que tienes es dinero”.

¿Que está pasando? ¿Por qué nos pasamos la vida metidos en las iglesias? Si lo único que nos mandó Jesús es predicar el evangelio. ¿Por qué de lo único que nos preocupamos es de adelgazar, vernos más guapos, vestir mejor que el resto, tener una buena carrera, un trabajo que de mucho dinero, una pareja preciosa y darnos unas buenas vacaciones en verano?

No hemos entendido nada. Toma tu cruz, tu silla eléctrica y sígueme. Ayer entendí que el tener vida no vale nada y una vez que ni siquiera valoras lo supuestamente más importante que tienes que es vida y entiendes que lo único, único, único importante y valioso que posees es Jesús, puedes decir: envíame a mi, estoy dispuesto a morir, quiero cambiar el mundo.

2 comentarios sobre “Ayer morí

  1. Que fuerte y hay tanta queja en estos tiempos no sufrimos ni siquiera un poco al respecto de otros cristianos que viven de una manera extrema toda esta situación y nosotros tan comodos en nuestras casas y siendo libres de poder hablar de Dios sin tener miedo a que nos disparen o nos ataquen por el hablar del evangelio y de nuestras creencias cuanto nos falta aferrarnos a lo unico seguro que tenemos en esta vida a nuestro Padre amado que ni siquiera sospechamos cuanto nos ama…gracias por compartir lo vivido Marcos por más simulacro que sea asi viven muchas personas que creen en Cristo y tienen que pasar por situaciones muy extremas…muchas bendiciones y que Dios te siga llevando a esa seguridad y a un nivel mayor de fe….

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